Cuando un paciente entra en la consulta y dice que quiere operarse los párpados, lo primero que hacemos no es mirarle el párpado. Es analizarle la mirada entera.
Y la mirada, para entendernos, es un edificio de tres plantas: la frente y las cejas arriba, el párpado superior en medio y el párpado inferior abajo. Las tres hay que analizarlas por separado, porque cada una tiene un tratamiento distinto.
Es un error muy frecuente —y la causa de buena parte de los resultados que no acaban de convencer— tratar como problema de párpado lo que en realidad es un problema de ceja. Si a un paciente con las cejas caídas le quitas piel del párpado superior, le bajas todavía más la ceja y le dejas la mirada más cerrada y más cansada que antes.
Por eso valoramos las tres plantas del edificio en la primera consulta, y por eso a veces la conversación termina en un sitio distinto del que el paciente esperaba.
Primera planta: la frente y las cejas
Hay pacientes que consultan por blefaroplastia y no saben que lo que tienen descolgado es la ceja. Se ven el ojo cerrado, se estiran la piel del párpado hacia arriba con el dedo delante del espejo y concluyen que les sobra piel. Muchas veces lo que les sobra es ceja caída.
Para elevar la ceja tenemos dos caminos, y elegimos uno u otro según lo que el paciente venga buscando.
Lifting frontal endoscópico
Se hace con cámara, a través de cinco portales pequeños en la frente. Se crea un plano subperióstico en el compartimento central y, en los compartimentos laterales, se trabaja por encima de la fascia temporal profunda. Después se comunican los dos espacios liberando el ligamento de la cresta temporal, que es la bisagra que impide que la frente suba.
Una vez liberada bien la frente, se tracciona el colgajo frontal con unos hilos y se fija en su posición nueva, elevando las cejas. La fijación la hacemos transósea, asistida con piezoeléctrico —el mismo instrumento de ultrasonidos que empleamos en rinoplastia—, porque permite hacer el túnel en el hueso de forma controlada.
Normalmente esta técnica no va sola: se hace dentro de un lifting cervicofacial, en el paciente que viene buscando un rejuvenecimiento facial completo.
La literatura reciente insiste en que la clave no está en tirar más, sino en liberar de forma selectiva. En una serie de 50 pacientes con asimetría de cejas superior a 2 mm, la liberación asimétrica de ligamentos y la fijación selectiva redujeron la asimetría media de 4,5 mm a 0,8 mm, con simetría en el 88 % de los casos.
Suspensión directa de ceja con fijación a periostio
Este es el otro camino, y en mi consulta es el que más utilizo, porque encaja con el paciente que tengo delante la mayoría de las veces: alguien que viene por los párpados, que no quiere meterse en un lifting y que no está dispuesto a una disección facial grande.
Se hace con una incisión pequeña justo encima de la ceja, biselada, y con un marcaje previo que no es a ojo: sigue puntos anatómicos reproducibles. Se da un punto profundo que suspende el colgajo inferior al periostio, y con eso se eleva la ceja de forma directa. Es cirugía ambulatoria y la recuperación es muy rápida.
Lo interesante de esta técnica es lo que permite: convertir una blefaroplastia en algo un poco más ambicioso, que también trata la ceja, sin salir del régimen ambulatorio. Resuelve la caída de la ceja de manera directa, con una cicatriz mínima y sin necesidad de un lifting.
¿Quién es el paciente ideal para la suspensión directa?
El que ya tiene algo de fotoenvejecimiento, con líneas horizontales finas en la frente y en la zona de la ceja. En esa piel la cicatriz se camufla con una facilidad enorme. Por eso en pacientes de algo más de edad es una técnica excelente, que queda extraordinariamente bien.
¿Y la cicatriz?
Es la pregunta que hace todo el mundo, así que la contesto de frente. La cicatriz queda en el borde superior de la ceja y empieza a mejorar de verdad a partir de los tres meses. La técnica incorpora además maniobras concretas pensadas para minimizarla.
Hay también un recurso que funciona muy bien: el paciente puede hacerse después un microblading en la ceja, que crea pelo tatuado y termina de disimular la línea. Y no es una impresión mía: la serie publicada de esta técnica señala expresamente que la cicatriz pasa más desapercibida en pacientes con pelo de ceja denso o tatuado. Muchos de estos pacientes tienen ya alopecia de cejas —que envejece muchísimo la cara y de la que casi nadie habla—, así que el microblading les mejora dos cosas a la vez.
Resumiendo cómo decidimos: si el paciente consulta por párpados, le ofrecemos la suspensión directa de ceja. Si consulta por un rejuvenecimiento facial completo, la elevación va dentro de un lifting endoscópico. Aunque también hay pacientes de lifting facial que necesitan frente y a los que les hacemos la suspensión directa, porque es lo que mejor les va.
Segunda planta: el párpado superior
La blefaroplastia superior es la más sencilla de las tres, pero eso no significa que dé igual cómo se haga. Ha cambiado mucho.
Antes se eliminaba músculo y se quitaba mucha grasa, y el resultado era un párpado a veces excesivamente esqueletizado: un ojo hundido, hueco, que se nota. La técnica moderna consiste en respetar el volumen del párpado. Respetamos la musculatura, retiramos solamente la bolsa nasal si es que existe y redistribuimos un poco la grasa del párpado para darle volumen.
El motivo es sencillo: hemos comprobado que los párpados con volumen se ven más jóvenes. Un párpado lleno rejuvenece; un párpado vaciado, no. Quitar de más es fácil; devolverlo, bastante menos.
Si quieres el detalle del procedimiento, los cuidados y el postoperatorio, lo tienes en la guía completa de blefaroplastia.
Cuando el párpado caído no es piel: la ptosis palpebral
Es justo en ese momento de la exploración, con el paciente sentado y mirando al frente, cuando hay que hacer otra cosa: analizar dónde está el borde libre del párpado superior.
Conviene distinguir dos cuadros que se confunden constantemente:
- Dermatochalasis: sobra piel. Es lo que corrige la blefaroplastia.
- Ptosis palpebral verdadera: no baja la piel, baja el propio borde del párpado, que queda por dentro del borde iridocorneal. Aquí quitar piel no soluciona nada.
Y dentro de la ptosis hay que separar todavía la congénita —la de toda la vida— de la adquirida, que aparece con la edad por distensión de la aponeurosis del músculo elevador. Es esta segunda la que se pasa por alto con frecuencia en una consulta de estética, porque el paciente la vive como «tengo el ojo caído» y se trata como si le sobrara piel.
El test de fenilefrina
Es la prueba que utilizamos para saber si ese párpado responde. Se instila fenilefrina, que estimula el músculo de Müller, y se vuelve a medir la altura del párpado a los pocos minutos. Si el párpado sube, el paciente es candidato a una corrección por vía posterior.
Nosotros lo hacemos siempre. Pero conviene explicar algo que no suele contarse: un test negativo no cierra la puerta. La mullerectomía es una técnica muy segura y hay pacientes que responden bien a la cirugía aunque el test no haya reaccionado como se esperaba. Por eso el test orienta la decisión, pero no la dicta: se valora junto con la función del elevador, la altura del borde libre y lo que el paciente busca.
Y esto no es una postura aislada. Un estudio multicéntrico sobre 270 párpados encontró que el test predijo la altura postoperatoria dentro de 1 mm en solo el 60,2 % de los casos, y que los resultados de los pacientes operados con test y sin él no fueron distintos, lo que llevó a los autores a proponer que se reconsidere su valor como criterio excluyente.
La mullerectomía tarsoconjuntival
Cuando hay ptosis, la solución no es quitar más piel: es una mullerectomía tarsoconjuntival. Se hace por dentro del párpado, sin cicatriz externa, acortando ligeramente el músculo de Müller junto con la conjuntiva. Con eso el párpado sube unos milímetros y la mirada se abre. El resultado suele ser muy bonito precisamente porque no se ve de dónde viene: no hay cicatriz que explicar.
La hacemos con técnica sutureless —sin puntos internos— empleando pinza bipolar. Al no dejar sutura por dentro se evita el roce del hilo contra la córnea, que es la molestia clásica de la técnica con puntos.
Las cifras publicadas por el grupo del Wills Eye Hospital de Filadelfia, que es el que ha empujado esta variante: en 105 párpados de 66 pacientes, elevación media del borde palpebral de 3,31 mm y simetría dentro de 1 mm en el 96 % de los casos bilaterales, con complicaciones mínimas. Otra serie de 252 ojos da un 88,5 % de éxito quirúrgico, y un estudio prospectivo de 50 ojos, un 92 %, confirmando además que los cambios refractivos del postoperatorio inmediato son transitorios y se normalizan a los tres meses.
Una precisión importante, porque es donde algunos pacientes se confunden: la mullerectomía no se hace de rutina. No es un extra que se añada a toda blefaroplastia para «abrir más el ojo». Se hace únicamente cuando existe una ptosis. Si no hay ptosis, no hay mullerectomía. Cuando sí la hay, puede resolverse en el mismo acto quirúrgico que la blefaroplastia superior.
Tercera planta: el párpado inferior
El párpado inferior es el que más respeto impone, porque es donde más resultados malos se ven, y casi todos por la misma razón: se ha tocado lo que no había que tocar.
Por qué no tocamos el músculo
Desde mi punto de vista, el párpado inferior debe afrontarse siempre con una técnica de tipo «no touch», en la línea de lo que describió Glenn Jelks: entrar por una incisión transconjuntival, por dentro del párpado, sin tocar la musculatura ni los mecanismos que sostienen el párpado en su sitio. Cuando se secciona el orbicular, el párpado pierde tono y aparecen el scleral show, el ectropión y la mirada triste. Y eso no se arregla fácil.
Si después de eso todavía sobra piel, la retiramos con un pinch: una pinza de Adson-Brown coge el exceso justo por debajo de las pestañas y se reseca solo piel. Ni un milímetro de músculo. Es decir: la piel por fuera con el pinch, las bolsas por dentro con el abordaje transconjuntival, y el músculo intacto en medio.
El grupo de Jelks lleva décadas insistiendo en que el problema del párpado inferior se previene en la exploración, no en el quirófano: en una serie de 146 procedimientos cantales identificaron siete hallazgos preoperatorios —vector negativo, scleral show o inclinación cantal neutra o negativa, entre otros— que predicen qué párpado se va a malposicionar.
Transposición de bolsas: lo que de verdad ha cambiado
Aquí está el cambio de fondo del párpado inferior. Antes se quitaba toda la bolsa. Hoy sabemos que vaciar el párpado deja un ojo hundido y envejecido: se corrige la bolsa y se empeora la mirada.
Lo que hacemos ahora es otra cosa. Retiramos solo un poco de bolsa. Hacemos un corte en el orbital retaining ligament, que es el ligamento que crea el escalón entre el párpado y el pómulo, y entramos un poco en plano subperióstico sobre el pómulo. Con la grasa que hemos conservado formamos un colgajo graso único y uniforme, y lo transponemos justo por encima del surco de la lágrima, fijándolo con sutura reabsorbible.
El detalle del plano no es un tecnicismo: hay quien coloca la grasa por encima del músculo y quien la coloca bajo el periostio. Nosotros la ponemos subperióstica, en un bolsillo creado sobre el maxilar tras abrir el arcus marginalis. Es el plano más estable, y es donde la grasa se comporta como tejido propio y no como un relleno que se mueve.
El resultado es que se corrigen las dos cosas a la vez: la bolsa que sobra arriba y el surco que falta abajo. Se rellena el surco con tejido del propio paciente, no con material de relleno, y se evita ese aspecto hundido que dejaba la resección pura. En mi opinión es una técnica extraordinaria.
La transposición a bolsillo subperióstico por vía transconjuntival fue descrita en el año 2000 y sigue siendo la referencia del procedimiento. Veinticinco años después la literatura ha convergido en el mismo principio: prácticamente todos los autores coinciden en la necesidad de liberar el ligamento y reponer volumen, en lugar de limitarse a resecar grasa.
El papel de la toxina botulínica
Muchos de estos pacientes necesitan además tratamiento con toxina botulínica, y no es un añadido estético: forma parte de la planificación quirúrgica.
Cuando vamos a hacer una suspensión directa de ceja, el doctor Alejandro Mendieta infiltra la zona como mínimo quince días antes de la cirugía. Con la ceja relajada la suspensión es mucho más fácil de hacer y el resultado queda bastante mejor, porque los músculos que tiran de la ceja hacia abajo no están peleando contra la suspensión mientras cicatriza.
Y después de la cirugía, el tratamiento completa el resultado facial: la cirugía coloca los tejidos, la toxina modula la expresión. Si quieres entender cómo funciona, lo explicamos en detalle en el artículo sobre neuromoduladores.
Dónde seguir
Si lo que buscas es el detalle de la intervención —precio, anestesia, recuperación y preguntas frecuentes—, está en la guía completa de blefaroplastia. Y si quieres consultar tu caso concreto, aquí tienes la información de la blefaroplastia en Madrid.
Referencias
Las fuentes citadas en este artículo están indexadas en PubMed y se enlazan a su DOI original.
- Fakih-Gomez N y cols. Deep Plane Direct Brow Lift. Aesthetic Plastic Surgery, 2025;49(9):2385-2398. DOI
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Dr. Gustavo Sordo Miralles
Especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora
Número de colegiado: 28/58125 (Colegio Oficial de Médicos de Madrid)
Miembro de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), de la Asociación Española de Cirugía Estética Plástica (AECEP), de la Rhinoplasty Society of Europe, de la European Association of Societies of Aesthetic Plastic Surgery (EASAPS) y de la American Society for Aesthetic Plastic Surgery (ASAPS).
Este artículo tiene finalidad informativa y no sustituye a una consulta médica. Cada mirada es distinta y cada indicación se valora individualmente en consulta.



